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Cómo El Río del Yoga Fluyó Hacia el Occidente

Este es un extracto del libro “Yoga – Un Viaje de la Confusión a la Fusión” escrito por Yogi Sarveshwarananda junto con otros monjes y académicos de la India, el cual será publicado próximamente por SHREYAS.

 

Nacido en los Himalayas primigenios a través del entendimiento refinado y las mentes puras de los grandes rishis (videntes), el regalo divino del Yoga, así como el majestuoso Ganges, bajó a las planicies y ciudades de existencia mundana, barriendo todo el subcontinente Indio para llegar hasta las lejanas costas de la conciencia occidental, al menos desde los tiempos de Platón. El yoga como un arte de vida y ciencia del alma ha dejado su huella indeleble por donde ha pasado, y hoy en día más de mil millones de personas toman un baño gratificante en este refrescante río.

 

Y así como el Ganges tiene un límite en su habilidad de absorber contacto humano y pasar por campos lodosos sin volverse sucio él mismo, similarmente el yoga ha perdido gradualmente gran parte de su poder y pureza original en su travesía interminable a través del escenario multifacético de la conciencia humana. Desde los años sesenta en particular, su popularidad creciente (una industria estimada en $320 mil millones en el mundo, actualmente) ha contribuido también a su marcado empobrecimiento a través de un tendencia dual hacia la comercialización masiva por un lado, y a la rigidez fundamentalista por el otro.

 

En cuanto a la comercialización masiva, la sabiduría común sostiene que esto no es tan malo – inclusive una forma degenerada de yoga es mejor que nada en el occidente espiritualmente-necesitado, y los buscadores serios eventualmente encontrarán su camino hacia la fuente de yoga puro. Hay algo de verdad en esto; de hecho parte del juego divino consiste en ganarse las enseñanzas espirituales a través de ensayo y error, desarrollando viveka (discriminación espiritual) en el proceso. Pero mirando en retrospectiva el desarrollo del yoga en los últimos 40 años, es inevitable estar más que un poco alarmado por el yoga esquelético enseñado hoy en día en muchos lugares, tanto en Oriente como en Occidente, casi completamente vacío de su sabiduría, visión y principios espirituales. Si vivimos en un vecindario en el cual sólo hay establecimientos de comida rápida en cada esquina y nunca tenemos la oportunidad de aventurarnos más allá de este perímetro ¿cómo habríamos de conocer el sabor de la comida real? De igual manera, si todo lo que conocemos es “McYoga”, ¿como podríamos al menos sospechar sobre la profundidad y majestuosidad de las enseñanzas yóguicas que nos elevan de la mortalidad a la inmortalidad?

 

En el otro extremo, ha ocurrido un fenómeno interesante en el cual el fundamentalismo religioso también se ha filtrado en el campo del yoga. Por un tiempo considerable el mensaje del Vaticano y de ciertos grupos fundamentalistas cristianos ha sido el de persuadir a todos los buenos cristianos para que no practiquen la técnica de “unión con entidades demoníacas” como lo describen algunos de sus panfletos (un bello giro al significado de yoga como unión, debo decir). Esto se ha vuelto un gran dilema para los cristianos genuinos que aman las enseñanzas de Cristo, pero también aman el efecto equilibrante, tranquilizante y elevador del yoga. ¿Qué ha de hacer un alma enamorada de Dios?
La ingenuidad americana, como la caballería mítica, vino al rescate—“yoga cristiano” ha empezado a ser ofrecido como una alternativa más segura para aquellos que se resisten a abandonar su rutina de hatha yoga—con la promesa de reemplazar los nombres desabridos en sánscrito de posturas, tales como shavasana (“postura del cadáver”) por términos más afirmadores de la vida y orientados a las familias, tales como “movimientos de alabanza.” Todos están contentos.

 

Bueno, no precisamente todos. Los fundamentalistas hindúes también se están poniendo intranquilos. Profundamente preocupados por la codicia aparentemente insaciable de Occidente por apropiarse de todo lo indio a lo largo de la historia – desde especies hasta filosofía, hasta materia gris, están declarando con vehemencia, que “todo yoga es hinduismo” y por lo tanto todos los profesores de yoga, lo sepan o no, son “misionarios hindúes encubiertos”. Lo cual ciertamente sorprendería a su profesor de yoga usual en el centro comercial, por decir lo menos.

 

Confrontado con opiniones tan extremas y distorsiones por parte de los medios, es de esperarse que uno esté más que un poco confundido sobre el yoga.

 

El propósito de nuestro modesto esfuerzo es el de tratar de volver a las raíces originales del yoga clásico, libre de dogma y exageraciones, y presentar una aproximación razonable, científica y legitimada por las escrituras, a esta sabiduría eterna. Para empezar, revisar como el yoga llegó a Occidente es un paso importante para clarificar muchas dudas y entender en que se ha convertido el yoga hoy en día.

 
 

Meditate, meditate, and meditate. Then, one day you will behold the divine goal.

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