Baba se encontraba en Nueva York para dar una iniciación en Kriya Yoga. Era un día fresco, temprano en la mañana, toda la gente estaba sentada tranquilamente en el espacioso salón, con sus ofrendas de flores, frutas y una pequeña donación económica arreglada agradablemente en frente de ellos. Todo y todos se veían puros, frescos y amorosos y Baba estaba a punto de empezar la sagrada ceremonia.
Repentinamente un hombre irrumpió en salón y masculló una vaga excusa por su demora, se dejó caer en la primera fila directamente en frente de Baba. Una ola de rechazo se diseminó lentamente en todo el salón. El hombre olía mal, estaba sucio, desarreglado y no había traído las ofrendas adecuadas. En un plato desechable y sucio aceleradamente tiró unas pocas flores marchitas (que probablemente había arrancado en el parque al otro lado de la calle), cinco plátanos negros y dañados (de Dios sabe donde!), y el cambio que se hallaba en su bolsillo.
Un antiguo discípulo de Baba sentado en el fondo del salón, se chupaba su labio inferior con rabia difícilmente controlada. Cómo puede alguien ser tan irrespetuoso con un gurú y no tener cuidado con su propia iniciación espiritual? Baba se hallaba sentado tranquilamente con sus ojos cerrados durante la interrupción. De pronto abrió sus ojos y dijo, mirando directamente a su discípulo en la fila de atrás, "Baba, yo te amo, pero tu no mantendrás esta actitud en el salón."
El después continuó dando primero la iniciación a este hombre desaliñado, prestándole el máximo de su atención, incluso recogiendo las pequeñas flores marchitas con mucho amor, como si fuesen el mas preciado regalo que él alguna vez hubiese recibido.
No podemos juzgar a la gente por su apariencia exterior. Nosotros no tenemos idea de quien es hoy, será mañana, o fue ayer. sin mencionar su vida anterior. Un verdadero gurú solamente ve potencial divino, no defectos temporales. Y le da el tratamiento exacto que cada uno necesita, nunca ofendiéndose o alterándose en ninguna situación. Esa es la cualidad que deberíamos tratar de imitar - ecuanimidad en todo momento.
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